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SANTIAGO

Holocausto: “Una buena manera de conmemorar este tipo de experiencias es comprometiéndonos con su enseñanza”

Holocausto: “Una buena manera de conmemorar este tipo de experiencias es comprometiéndonos con su enseñanza”
  • © Auschwitz-Birkenau State Museum
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Entrevista a Celeste Adamoli y Emmanuel Kahan del Programa Educación y Memoria del Ministerio de Educación de Argentina.

¿Cuál es el rol que tiene la educación con hechos históricos como el holocausto nazi?

El Programa “Educación y Memoria” del Ministerio de Educación de la Nación tiene como objetivo consolidar una política educativa que promueva la enseñanza de la historia reciente mediante la elaboración y puesta a disposición de materiales y acciones de capacitación docente a nivel nacional. Inscribe sus acciones en el marco general de la Ley Nacional de Educación N° 26.206 que, en su articulo 3°, señala que “La educación es una prioridad nacional y se constituye como política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los derechos humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico y social de la Nación”.

El artículo 92 de la misma ley insta a realizar acciones concretas para la inclusión de los contenidos curriculares mínimos comunes a todas las jurisdicciones en temas tales como la construcción de la identidad nacional desde la perspectiva regional latinoamericana; la causa de la recuperación de Malvinas; y el ejercicio y la construcción de la memoria colectiva de la historia reciente, con el objetivo de “generar en los/as alumnos/as reflexiones y sentimientos democráticos y de defensa del estado de Derecho y la plena vigencia de los Derechos Humanos”.

En esta línea, la Resolución 80/09 del Consejo Federal de Educación, titulada “Plan de Enseñanza del Holocausto”, compromete a los Ministerios nacional y provinciales a la realización de acciones concretas para la inclusión curricular y la enseñanza de esa temática.

¿Por qué el énfasis en la enseñanza del pasado reciente?

La promoción de la enseñanza del pasado reciente se sostiene en la idea de que los derechos humanos son conquistas sociales y, en consecuencia, al transmitirlos se refuerzan las nociones de responsabilidad, participación e inclusión. Entendemos que es desde la educación –concebida como una puesta a disposición del pasado en diálogo permanente con el presente y el futuro– que es posible invitar a los jóvenes a reflexionar, debatir, abrir nuevas preguntas y buscar nuevas respuestas para poder posicionarse frente a sus realidades.

En este sentido, la enseñanza del pasado reciente constituye un aporte fundamental para la construcción de una nación justa, equitativa, económica y socialmente desarrollada, y habitada por ciudadanos activos cuya responsabilidad se alimenta también a partir de reconocerse como participes de un pasado común.

La educación del holocausto ¿es un tema dentro de la formación escolar en Argentina? ¿cómo se enseña?

Sí; desde la promulgación de la Resolución 80/09 del Consejo Federal de Educación, titulada “Plan de Enseñanza del Holocausto”, se compromete a los Ministerios nacional y provinciales a la realización de acciones concretas para la inclusión curricular y la enseñanza de esa temática. En este sentido, desde el Programa Educación y Memoria venimos trabajando en la elaboración de materiales, la formación de referentes provinciales a través de la Red Nacional de Educación y Memoria y el dictado de seminarios de capacitación a docentes de los distintos niveles del sistema educativo argentino.

Desde 2006, cuando fue creado el Programa, se han publicado una amplia gama de materiales que, además de su perspectiva conceptual e histórica, brindan una serie de propuestas didácticas para trabajar estos temas en las aulas. Memorias en Fragmentos, por ejemplo, es uno de los libros que permite a los docentes encontrarse con una pluralidad de testimonios sensibles acerca de la experiencia concentracionaria vivida durante el Holocausto. La Shoá en la pantalla- traducción de un trabajo de Anne-Marie Baron- está compuesta por una aproximación a una serie de films clásicos sobre el Holocausto- desde “Noche y Niebla” (Resnais, 1955) hasta “El Pianista” (Polanski, 2002)- con diversas perspectivas para su trabajo con los estudiantes.

Finalmente, Holocausto. Preguntas, respuestas y propuestas para su enseñanza es un material producido íntegramente por el equipo del Programa de Educación y Memoria que tiene como objetivo brindar a los docentes los herramientas conceptuales, históricas y didácticas para trabajar este tema en el aula.

¿Qué experiencia educativa en América Latina o el Caribe te parece especialmente interesante en el ámbito de la memoria y la educación?

Las experiencias en torno a la educación y la memoria son, como lo sugieren los trabajos provenientes del campo de los estudios de memoria, plurales. Porque, de algún modo, los modos y procesos a través de los cuales se construyen los regímenes de memoria- para pensar con una categoría del historiador argentino Emilio Crenzel- son diversos y se atienen a los contextos en que los relatos y las voces acerca de la experiencia del pasado reciente en nuestros países se van forjando.

Seguramente no sea lo mismo la experiencia en torno a la Educación y la Memoria en Argentina que en otros países. Aquí, durante el proceso de transición a la democracia- que se precipita tras la derrota en la Guerra de Malvinas- se pone en el centro del debate público la cuestión de los desaparecidos y la violación sistemática de los derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas. Imaginamos qué distinto será el caso de Chile donde la dictadura de Pinochet se prolonga hasta 1990 y su salida es producto de la derrota del dictador en un plebiscito acerca de su continuidad en 1988. Ni qué hablar de la experiencia y el lugar de los movimientos de derechos humanos- que reivindican el lugar de la memoria como uno de los modos de legitimar la condición de víctimas de los afectados- en países del continente donde la violencia- ya sea de carácter estatal, paraestatal o insurgente- se continúa desarrollando.

Necesitamos la memoria para construir el presente y soñar el futuro, pero esa memoria es un proceso colectivo en reconstrucción permanente ¿qué características tiene una escuela que se hace cargo de ese desafío y de esa oportunidad?

Vivimos en un tiempo caracterizado por la presencia de una significativa proliferacion de formas del recuerdo: museos, memoriales, obras de arte, fotografías, fechas en los calendarios, monumentos y marcas territoriales, entre otras. La memoria se ha convertido en una preocupación central de la cultura y la política contemporánea de las sociedades de occidente. Sin embargo, son muchos los analistas que advierten acerca de cómo este afán memorialístico convive con la dificultad de dotar de “vitalidad” a ese mismo pasado. El historiador Eric Hobsbawm solía decir que las personas viven en un presente permanente “sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven”.

¿Qué lugar tiene la educación y la pedagogía frente a estos fenómenos paradójicos? ¿Cómo formulamos y promovemos, desde la tarea docente, preguntas en tiempo presente que nos permitan comprender pasados signados por el horror imaginando futuros más justos? ¿Cómo dotamos de valor a esos pasados? ¿A través de qué recursos los abrimos a la singularidad de las nuevas generaciones? ¿Qué es aquello que no habría que olvidar? ¿Qué cuestiones son las que deberíamos comprender?

La transmisión del pasado reciente en las escuelas suele enfrentarse con algunos de los problemas contenidos en las preguntas anteriores. Se trata de cuestiones que, si bien están presentes en la educación en general, cobran singularidad a la hora de enseñar hechos traumáticos de la historia. Una de esas cuestiones se vincula con la “apropiación generacional”, con el modo en que los jóvenes leen el pasado desde sus propias condiciones de existencia. Así como los docentes adultos tienen la función de transmitir una cultura y la responsabilidad de tratar con especial cuidado la transmisión de las situaciones límites, los jóvenes, por su lugar en el mundo, están destinados a recrear esa cultura, muchas veces dotándola de nuevos sentidos y otras, incluso, adoptando posiciones indiferentes frente a ella. Así lo explica Jacques Hassoun en su libro Los contrabandistas de la memoria: “una transmisión lograda ofrece a quien la recibe un espacio de libertad y una base que le permite abandonar (el pasado) para (mejor) reencontrarlo”. La transmisión, entonces, solo es posible a partir de la introducción de diferencias en la herencia recibida.

¿Una transmisión con “fallas” que permiten una revisión con libertad?

Sí, la transmisión funciona cuando aparecen esas “fallas”, es decir: nuevas preguntas ante la herencia recibida. Las distancias generacionales, de clase, geográficas e ideológicas son las que le formatean esas “fallas” que, lejos de ser pensadas como errores, pueden ser vistas como el motor de la reflexión pedagógica y política de la enseñanza del Holocausto.
La conocida frase de Theodor Adorno “si la educación tiene un sentido, es evitar que Auschwitz no se repita” puede convertirse en un horizonte tan necesario como ambicioso para nuestra tarea de educadores. Esta máxima puede orientarnos en un difícil camino para el que no hay formulas acabadas, pero si voluntades y convicciones.

¿Qué relectura es posible dar al holocausto que nos permita mirar otras situaciones actuales de alto riesgo o clara vulneración de derechos?

Conmemorar la liberación de Auschwitz está plagado de significados: nos detenemos en ese último día de actividad de uno de los bastiones de la política de aniquilamiento del nazismo para preguntarnos cómo fue posible que esa maquinaria hubiera estado en funcionamiento. Pero también nos detenemos en este acontecimiento para preguntarnos si en verdad hemos sido liberados de Auschwitz.

Estas dos aproximaciones, aunque no sean las únicas ni necesariamente las más profundas, nos permiten considerar una serie de problemas centrales a la hora de pensar las estrategias para trabajar en las aulas el Holocausto. Porque, en primer lugar, preguntarnos por cómo es que esa maquinaria de exterminio pudo ponerse en funcionamiento nos posibilita reconocer los procesos históricos que conducen a un genocidio y, en este caso particular, reconocer que el exterminio de los judíos de Europa fue pensado y planificado antes de ser ejecutado.

En segundo lugar, pensar si aún después de la liberación de Auschwitz podemos decir que hemos sido liberados de su maquinaria o de las probabilidades de su repetición. Un ejemplo puede resultar doloroso pero aleccionador: durante la primera mitad del siglo XX tuvieron lugar dos genocidios: el de los armenios y el de los judíos. ¿Qué pasó durante la segunda mitad? Los genocidios y las distintas variantes de crímenes de lesa humanidad se multiplicaron: el Pol Pot camboyano, las masacres de Rwanda, el genocidio en Bosnia y el de Guatemala, las políticas de terrorismo de Estado implementadas por las dictaduras militares en América del Sur.

¿Recordar Auschwitz para mirar y cuestionar nuestro presente?

Está claro que no se trata de equiparar a Auschwitz con otras experiencias. Pero, como señala el historiador Enzo Traverso, si de preguntarnos, al menos desde las prácticas de transmisión en los ámbitos educativos, si después de Auschwitz es posible convivir con las experiencias “carcelarias” como las de Guántanamo u Abhu Graib.

En este sentido, la enseñanza del Holocausto nos enfrenta con situaciones especialmente complejas en términos de qué, cómo y para qué enseñar experiencias límites, cargadas de horror, que han dejado innumerables huellas en nuestras sociedades. ¿Cómo enseñar el horror? ¿Cómo enseñar pasados dolorosos que han dejado marcas en nuestros presentes? ¿Cómo proponer pensar y reflexionar sobre conductas humanas violatorias de los derechos humanos? ¿Qué enseñar acerca de estos acontecimientos? ¿A través de qué estrategias didácticas? ¿Con que recursos? Todas estas preguntas resultan ineludibles para pensar la enseñanza del Holocausto en la escuela. Se trata de preguntas que aluden a nuestra responsabilidad social y como docentes.

El estudio, la reflexión y el debate en torno al Holocausto nos permiten no solo ejercer la memoria sobre un hecho clave de la historia y de profundas consecuencias en la cultura humana, sino abrir una serie de interrogantes acerca de la comprensión y el respeto de la otredad en nuestras propias comunidades, la defensa y el respeto de la diversidad, capitales para la construcción de ciudadanía. Es en este sentido que consideramos que su estudio, en tanto acontecimiento histórico, puede ser un “puente” para interpelarnos sobre nuestra propia experiencia: cómo participar de una vida ciudadana activa y responsable; cómo no ser indiferentes ante el dolor de los demás; cómo exigir que las sociedades y los gobiernos respeten los derechos humanos universales.

Estas preguntas en torno a cómo enseñar el Holocausto nos permiten volver sobre todo lo que el acontecimiento tiene de potencial crítico. Pues, quizás sea bueno recordar- estando próximos a una efeméride que justamente invoca una recordación- una expresión de la politóloga argentina Pilar Calveiro que nos señala que “La repetición puntual de un mismo relato, sin variación, a lo largo de los años, puede representar no el triunfo de la memoria sino su derrota. Por una parte, porque toda repetición “seca” el relato y los oídos que los escuchan; por otra, porque la memoria es un acto de recreación del pasado desde la realidad del presente y el proyecto de futuro”.

Por eso consideramos urgente señalar que no se trata de atravesar la conmemoración de la liberación de Auschwitz ateniéndonos a un sentido petrificado de lo acontecido sino detenernos a considerar todo el potencial crítico que el Holocausto tiene para pensar nuestro presente y proyectarnos hacia un mejor futuro.

El 27 de enero Naciones Unidas conmemora las víctimas del holocausto. En el ámbito educativo ¿cuál te parecería una buena manera de conmemorarlo?

Es una pregunta difícil para nosotros. En primer lugar, porque si bien el estado Nacional argentino- a través de sus Ministerios de Educación, Defensa, Relaciones Exteriores y Justicia y Derechos Humanos- desarrolla una serie de actividades destinados a la conmemoración del Holocausto, en el campo educativo las actividades se encuentran en receso por vacaciones de verano. No obstante, más allá de este aspecto, el problema radica en una dimensión de carácter pedagógico: ¿Podemos circunscribir el tratamiento de estos temas al carácter fugaz de una efeméride? Podríamos decir, en este sentido, que el día de recordación transcurra durante las vacaciones nos permite pensar que su abordaje en las escuelas puede y debe transcurrir sin ajustarse a la dinámica estandarizada del calendario de fiestas y conmemoraciones.

Como sugeríamos anteriormente, el Holocausto- como el terrorismo de Estado en Argentina u otros genocidios que tuvieron lugar durante el siglo XX- son acontecimientos sumamente complejos que requieren de una aproximación profunda que burle la fugacidad de una fecha. Incluso se puede considerar que estos temas más que acontecimientos que se abordan a través de la lógica del calendario son temáticas transversales que pueden estar trabajadas a lo largo del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Sin embargo- y para finalizar- no quisiéramos dejar sin contestar la pregunta: ¿cuál te parecería una buena manera de conmemorarlo? Pues no sé si tenemos el “método” pero si la premisa. Una buena manera de conmemorar este tipo de experiencias es comprometiéndonos con su enseñanza. Porque enseñar el Holocausto es, en última instancia, el modo en que nos podemos acercar a ese pasado para preguntarnos como proyectar un mejor futuro.

Más información

Programa Educación y Memoria. Ministerio de Educación de Argentina

¿Porqué se debe enseñar el Holocausto en las escuelas?

  • 22-01-2013