
© UNESCO/Michel Ravassard
Hubert Reeves
El objetivo del Año Internacional del Planeta Tierra (2008) es poner las ciencias geológicas al servicio de la humanidad. La Unión Internacional de Ciencias Geológicas y la UNESCO hacen así del desarrollo sostenible y la promoción de las ciencias de la Tierra (geología, geofísica, paleontología, meteorología…) el centro de sus prioridades. Para anunciar este Año Internacional, El Correo entrevista el célebre astrofísico quebequés Hubert Reeves.
Entrevista realizada por Jasmina Šopova
¿Por qué pasó de la inmensidad del universo a la fragilidad de la Tierra?
Porque si bien la astronomía nos explica cómo hemos llegado a existir en la Tierra, la ecología nos enseña cómo permanecer en ella. Conocemos la maravilla que son las estrellas, las galaxias que corresponden a nuestro pasado y a nuestra presencia aquí (los átomos que forman las estrellas, etc.) y descubrimos que nuestra supervivencia en la Tierra está amenazada. ¿Cómo no inquietarse?
Con frecuencia la gente me dice: “Antes usted nos hablaba de las galaxias y nos hacía soñar, ahora nos cuenta cosas duras”. Les contesto que es preciso ser realistas. No se puede pasar el tiempo soñando. Ni tampoco hacer como el avestruz. Debemos tener un buen conocimiento de la situación en la Tierra para saber, en consecuencia, cómo actuar.
Llegué al tema del medio ambiente de un modo gradual. En las conferencias que pronuncié en los años 1980 comencé a referirme a la cuestión, y con el transcurrir del tiempo, ésta fue haciéndose más y más presente hasta que se convirtió en crucial. No obstante, hasta hoy sigo también pronunciando conferencias sobre astronomía.
Trato de hablar útil, es decir, no predicar a los ya convencidos, sino dirigirme a los grupos menos implicados en los problemas del medio ambiente. Pronuncié conferencias por ejemplo ante escribanos, camioneros y agentes inmobiliarios. Cuando se les explica qué ocurre no salen de su asombro.
¿Usted está alarmado?
Lo estaba más hace algunos años, pero se está dando tal cambio en todo el mundo que me encuentro más animado. Con frecuencia me preguntan si soy optimista o pesimista. Les contesto con una frase de Jean Monnet, uno de los fundadores de Europa –hace 50 años cuando por entonces nadie creía en verdad en la idea de ella–, quien solía afirmar: “Lo importante no es ser optimista o pesimista, lo importante es estar decidido”.
Hay que reconocer que en los últimos dos años la toma de conciencia de los problemas del medio ambiente ha evolucionado mucho gracias a personas como el estadounidense Al Gore [Premio Nobel de la Paz, 2007], el ecologista francés Nicolas Hulot, cuyo ‘pacto ecológico’ obligó a los políticos a tomar posición sobre el asunto o al economista británico Nicolas Stern, quien evaluó el costo del recalentamiento climático en miles de miles de millones de dólares [Informe Stern sobre la economía del cambio climático, 2006].

La liga ROC (Reunión de Opositores a la Caza) la creó en Francia en 1976 por Théodore Monod, en un período en que la caza no estaba para nada controlada. Fue su presidente y a su fallecimiento, en 2001, me solicitaron que ocupara su lugar. Desde que se creó la Liga, los problemas y las misiones cambiaron, y también el nombre de la asociación, que ahora se llama Liga ROC para la Preservación de la Fauna Salvaje.
Hoy día nuestras mayores preocupaciones son la desaparición de los medios naturales y los pesticidas, que contribuyen a la llamada “erosión de la biodiversidad”. La velocidad con la que exterminamos las especies animales y vegetales constituye uno de los aspectos más inquietantes. En la naturaleza, las especies no son independientes. Cada desaparición de una especie acarrea la de muchas otras y debilita el ecosistema.
Un ejemplo contundente es el de las abejas. La desaparición rápida de las abejas tiene por consecuencia la disminución de la polinización de los árboles y sin polinización no hay frutos.Y los frutos contribuyen, de manera esencial, a la supervivencia de la especie humana.
Cuando desaparece apenas un elemento del edificio de la vida –que se ha ido construyendo en el transcurso de millones años y cuya solidez reposa en la interdependencia de las especies– el todo se empobrece. La biodiversidad es nuestra garantía de supervivencia y debemos insistir en ello.
¿Estima que los responsables políticos actúan con suficiente rapidez?
La cumbre Grenelle del Medio Ambiente celebrada en Francia en octubre pasado es un ejemplo. El presidente Nicolas Sarkozy la había prometido y se concretó. Lo señalo porque no ocurre con frecuencia que los políticos mantengan las promesas previas a las elecciones.
En cualquier caso, la originalidad de esa cumbre de Grenelle reside en haber reunido asociados con convicciones opuestas: por ejemplo, los agricultores que defienden una agricultura productivista y acuden a muchos pesticidas y los grupos ecológicos. En este sentido, Grenelle representa un progreso real. Tengo razones para creer que los actos seguirán a las palabras. Porque, en el fondo, la gente no está loca. E incluso quienes no manifiestan interés alguno por la desaparición de las mariposas o las flores silvestres empiezan a comprender que si no invierten ahora en acciones positivas, en el porvenir todo les costará mucho más.

También en Estados Unidos las cosas se están moviendo mucho. Es cierto que el Presidente George Bush bloqueó todo, pero estados como California o Nueva Inglaterra se volvieron extremamente “verdes”. En Europa, los países del Norte son generalmente mucho más activos. Francia despierta, España comienza a moverse. Pero lo que es muy importante es que China empieza a reaccionar también. Por otra parte, no existen buenas noticias de parte de India, pero creo que ello llegará porque, repito, la gente se da cuenta de lo que está ocurriendo.
¿Es utópico imaginar una cumbre como la de Grenelle a escala internacional, organizada por ejemplo por la UNESCO?
Sería genial que los gobiernos escucharan a los miembros de las sociedades civiles para que ellas participen en la evolución del mundo y, por qué no, bajo el patrocinio de la UNESCO.
Y para terminar la conversación sobre un tema que puede parecer utópico: ¿cree que existe un planeta que acogería la humanidad si destruimos el nuestro?
No lo sé. Hay personas que creen que si las cosas en la Tierra van muy mal iremos a otro planeta. Para mí no es la buena solución, porque si nos mostramos incapaces de preservar nuestro planeta, no haremos otra cosa que transportar nuestros problemas a otro.
© Stock.xchng/Terri Heisele
La rápida desaparición de las abejas tiene como consecuencia la disminución de la polinización.
© Flickr/Jens Trebtow
Esta escena en China prueba que es indispensable sensibilizar a todos los profesionales, incluidos, como preconiza Reeves, los camioneros.