Esta campaña mediática fue iniciada a título privado en el año 2000 por el señor Bernard Weber con la idea de seleccionar las 7 nuevas maravillas del mundo mediante un proceso de votación en el que participaran ciudadanos del mundo entero.
A pesar de haber sido invitada a apoyar dicha iniciativa en reiteradas ocasiones desde su lanzamiento, la UNESCO decidió no colaborar con el señor Weber en este proyecto.
La UNESCO tiene como objetivo y como mandato ayudar a los países a identificar, proteger y preservar el Patrimonio Mundial. Para la Organización, no basta con reconocer un valor sentimental o emblemático a ciertos sitios y clasificarlos en una lista nueva. Es necesario poder definir criterios científicos, evaluar la calidad de las candidaturas, definir marcos legislativos y de gestión y conseguir que las autoridades responsables se comprometan a ponerlos en marcha, facilitando también un sistema de seguimiento permanente del estado de conservación de esos sitios. Se trata por lo tanto de un trabajo técnico de conservación unido a una labor de persuasión política. Es también una tarea pedagógica de fondo encaminada a dar a conocer los valores que vehiculan los sitios, las amenazas que se ciernen sobre ellos y las acciones que han de emprenderse para impedir su pérdida.
Por lo tanto, no existe ningún punto de comparación entre la iniciativa mediática del señor Weber y la labor científica y educativa que resulta de la inscripción de un sitio en la Lista del Patrimonio Mundial*. La lista de las 7 nuevas maravillas será fruto de un esfuerzo privado que sólo refleja la opinión del público con acceso a Internet, y no la del mundo en su conjunto. Esta acción no podrá pues en manera alguna contribuir de manera significativa y duradera a la preservación de los sitios elegidos por el público.
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En la 31ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial, que se celebrará del 23 de junio al 2 de julio en Christchurch, Nueva Zelandia, se preocederá a la inscripción de nuestos sitios en la Lista del Patrimonio Mundial.