Sus espectaculares paisajes de laderas escarpadas y glaciares con vastas praderas y abruptos valles boscosos cubren una superficie total de 4.247 hectáreas, es decir 9% del territorio del Principado de Andorra. Estos paisajes no sólo constituyen testimonios de los cambios climáticos del planeta, sino también de los avatares económicos y de los sistemas sociales, así como de la perdurabilidad del pastoreo y de la pujanza de la cultura de la población montañesa. El sistema de propiedad de la tierra, de tipo comunal, data en esta región del siglo XIII. Este valle, que es el último de Andorra que no tiene carreteras, tiene viviendas, sobre todo de verano, cultivos en terrazas, senderos de piedra y vestigios del trabajo de fundición del hierro.
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