Cartografías infantiles:

Una  herramienta didáctica para el reconocimiento del medio urbano y la reconstrucción del ambiente doméstico.

 

Ricardo Rivadeneira Velásquez

Profesor del Instituto de Investigaciones Estéticas de la  Universidad Nacional de Colombia.

Diseñador Industrial y Magíster en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura.

rgrivadeneirav@unal.edu.co

 

 

Resumen

Se expone una experiencia de trabajo comunitario con niñas y niños de la ciudad de Bogotá D.C. (Colombia), que tiene su génesis en 1997. Consiste en un sencillo esquema apoyado en recursos cartográficos y artísticos y dividido en  tres instancias didácticas y lúdicas: (1) La espontánea o del mapa, que pretende recoger la imagen natural que tienen las niñas y los niños de su entorno urbano, (2) La convencional o del plano, que trabaja a partir de las convenciones aprendidas por la niña y el niño, y pretende recoger la imagen artificial de la ciudad, y (3) La cartografía tridimensional o maqueta, que se constituye en un importante espacio de representación por su cercanía a la estructura física (edilicia) de la ciudad. Estas tres etapas se constituyen en el esquema básico de un proceso educativo no formal, donde las niñas y niños (entre 10 y 13 años) reconocen el entorno que habitan para compararlo con otros contextos. En el caso colombiano se torna especialmente importante como apoyo a los grupos sociales que han sido víctimas del desplazamiento forzado. Este esquema espera constituirse en una herramienta accesible y eficiente para que estas comunidades, y en general todos los grupos infantiles del mundo, se concentren en el estudio de su medio urbano y para que sus profesores mejoren la herramienta didáctica y los investigadores sociales se fijen en las representaciones que las niñas y niños hacen de su mundo, encontrando en esta información elementos valiosos para mejorar sus condiciones de vida.

 

 

Antecedentes

 

A finales de los años noventa los diseñadores industriales colombianos Claudia Acosta G. y Ricardo Rivadeneira V. realizaron en Bogotá una serie de experiencias cartográficas con niñas y niños cuyas edades oscilaban entre 10 y 13 años[1]. El objetivo de estos proyectos era estudiar las representaciones gráficas que las niñas y niños hacían de su entorno barrial y urbano, se ajustaba así a la naciente política propuesta por Antanas Mockus[2], la cual se basaba en dos conceptos fundamentales: convivencia y cultura ciudadanas.

Posteriormente, el proyecto realizado por Claudia Acosta G. permitió la creación de la Fundación Villerrante (con sede en París), recientemente la Fundación Molino de Cubo (dirigida por Margarita Vargas, con sede en Bogotá) se ha sumado a Villerrante involucrándose en el desarrollo de su proyecto Cahiers de Ville[3]. Este par de instituciones aunaron sus esfuerzos en el desarrollo de proyectos donde la identificación de los imaginarios infantiles constituye un hecho importante para la descripción de los diferentes contextos sociales en los que se encuentran las niñas y los niños en diferentes ciudades.

Corresponde a este texto profundizar en el proyecto realizado por Ricardo Rivadeneira, quien creó el Taller de imágenes de la ciudad en 1997 como un espacio lúdico de encuentro infantil[4]. El trabajo se hizo por medio de talleres didácticos divididos de la siguiente manera:

1.      Ejercicios espontáneos de representación gráfica del medio urbano.

2.      Ejercicios espontáneos de dibujo y construcción de mapas y maquetas urbanas en espacios abiertos.

3.      Juegos orientados hacia el conocimiento de la iconografía de la ciudad,  como forma de aproximación al paisaje urbano dentro de un contexto histórico definido[5].

4.      Recorridos urbanos en un vehículo de transporte escolar y en el tren turístico, acompañados de actividades fotográficas y de registro de notas y dibujos personales.

5.      Jornadas de juegos, narraciones y refrigerios compartidos al aire libre.

 

Como se había dicho, este proyecto surgió en 1997, cuando el gobierno de Antanas Mockus logró promover formas alternativas de gestión cultural, una de ellas la redefinición de estrategias pedagógicas para resolver conflictos cotidianos y el estímulo a muchas actividades artísticas que permitieran un proceso de reconciliación simbólica entre los ciudadanos. En ese momento este proyecto artístico y cultural se afiliaba a la idea de que la formación de los niños se podía dar generando experiencias altamente significativas (emotivas) y que la imagen podía constituir:

 

una mediación y como tal poseía capacidades inequívocas de crear conciencia –o inconsciencia-, de contribuir al conocimiento del mundo, de posibilitar la creación artística, de formar futuros[6].

 

De esta manera, el conocimiento de la iconografía histórica les permitió tanto a las niñas como a los niños generar un tipo de mirada panorámica y cada vez más rica respecto al contexto cotidiano. Este aspecto, sumado al conocimiento que tuvieron sobre diversas técnicas de representación gráfica y tridimensional (dibujo, pintura, grabado, fotografía y elaboración de maquetas) permitió que en sus trabajos se hiciera evidente el incremento de su capacidad receptora y de expresión plástica respeto a dos temas específicos: el paisaje  y la vida urbana.

 

La ciudad de Bogotá D.C.

Las niñas y los niños que participaron en los talleres viven en Bogotá, una ciudad que es el Distrito Capital de la República de Colombia. Fundada el domingo 27 de abril de 1539 por el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada, se encuentra ubicada entre las cordilleras andinas oriental y central, a unos 600 kilómetros del océano Atlántico y a 400 kilómetros del océano Pacífico. La forma de la ciudad antigua corresponde a una cuadrícula similar a la de Lima en el Perú o Santa Fe en España. Próxima a la línea ecuatorial y a 2550 metros sobre el nivel del mar se caracteriza por tener una temperatura promedio anual de 16 grados centígrados, su principal característica geográfica la constituye su cercanía a una larga cadena montañosa que la delimita en cerca de 39 kilómetros por todo su costado oriental y que genera una reserva ambiental que hoy la legislación colombiana empieza a desproteger. A esta cadena montañosa pertenece el cerro de Monserrate, el cual es el principal mirador sobre la ciudad.

Bogotá D.C. tuvo hasta 1910 un crecimiento regular, de poca expansión territorial, pero durante el siglo XX se generó un vertiginoso proceso de urbanización multidireccional, que la convirtió en una metrópoli muy caótica y fragmentada. Hoy tiene una población aproximada de 8 millones de habitantes y es centro del  poder económico, político y religioso de Colombia, pero además un gran asentamiento humano producto del desplazamiento forzado y violento de campesinos que tienen que huir diariamente de sus tierras por amenazas de los grupos guerrilleros y de autodefensas que se lucran a través del narcotráfico. Este crecimiento acelerado y descontrolado ha hecho que muchas generaciones hayan nacido y crecido en una ciudad rica en aspectos geográficos y sociales, pero apabullada por la tensión nerviosa que produce la vida urbana. Hoy es muy común ver en las calles de la ciudad muchos vendedores ambulantes y mendigos acompañados niñas y niños, que en muchas ocasiones son explotados laboralmente.  

 

La cartografía urbana infantil

El estudio de la imagen infantil urbana conlleva la noción de paisaje; aspecto que ha sido trabajado desde la producción y la interpretación pictórica tradicional y que se ve reflejado como el conjunto de características perceptibles del medio urbano que logran plasmarse mediante un hecho plástico. Una de las maneras que tiene el investigador social para conocer la imagen que se tiene de un lugar específico es a través de la manera como las niñas y niños construyen y representan su medio urbano. Según Pilar Pérez Camarero, los estudios de representaciones gráficas infantiles en la Ciudad de Florencia (Italia) adelantados por el profesor Paolo Chiozzi no solo visualizaban el espacio físico (edilicio), sino que lograban “atender situaciones de multiculturalismo... advirtiendo la existencia de conflictos familiares y grupales”, aspecto fundamental porque revitaliza, le da significado y permite trabajar proyectos en los que las diferentes manifestaciones sociales determinan las características de cada lugar[7]. Por ejemplo, en el Taller de imágenes de la ciudad, las niñas y niños realizaban un ejercicio que consistía en dibujar la ciudad teniendo como referencia un punto de vista alto, en este caso el cerro de Monserrate. Los resultados observados permiten indicar lo siguiente:

 

1.      Todas las niñas y todos los niños tienen una disposición natural a realizar mapas urbanos de gran contenido expresivo.

2.      Las niñas y niños asimilan mejor la idea de plano urbano cuando se les pide que dibujen algo conocido desde un punto de vista alto[8].

3.      Las niñas y niños produjeron dos tipos de representaciones gráficas, la ‘plana’: en la que se dibujan las cosas siguiendo las reglas de la geometrías descriptiva (en planta); y la ‘cruzada’, aquella en la que se dibujan mezcladamente tanto la fachada como la planta de las cosas. Esta última forma de representación es la más común, la primera es excepcional.

4.      Las niñas y niños son muy receptivos a conocer la historia urbana a través de la iconografía histórica.

5.      Las niñas y niños que tenían serios problemas de socialización (hijas e hijos de personas desplazadas por la violencia interna o reinsertados de los procesos gubernamentales de paz lograron reducir notoriamente sus niveles de ansiedad cuando lograron representar los lugares que habitaban cotidianamente[9].

 

1. Mapa: la imagen natural de la ciudad

La ciudad es la imagen que tenemos y hacemos de ella, por eso conviene comparar las primeras descripciones gráficas de la provincia de Bogotá hechas a mediados del siglo XVI con los dibujos hechos por las y niñas y niños que participan en nuestros talleres. Por ejemplo, la ciudad aparece representada por primera vez mediante un icono distintivo en el mapa de Juan Nieto de c1570, y Guamán-Poma de Ayala dibuja por primera vez su plaza principal en 1615. Estas imágenes históricas, ausentes de cualquier noción de representación planimétrica, coinciden con la forma de representación más abundante en los dibujos hechos por los pequeños cartógrafos que participaron en nuestros talleres infantiles. Son unas imágenes muy espontáneas y de gran valor expresivo, liberadas de cualquier intención por representar exclusivamente la retícula conformada por los cruces de las calles. Este tipo de obras están cerca de los dibujos geográficos rupestres que presentan J.B. Harley y David Woodward en The History of Cartography[10] y que permiten comprender el arte de representar el espacio en las culturas más primigenias. Este tipo de dibujos, que para nosotros se constituyen en naturales o de primer orden, son las expresiones que conducirían a unas formas de construcción urbana más cercanas a los sentimientos y deseos infantiles. En los talleres de representación gráfica es posible ver que todavía los niños de 13 años conservan este tipo de tendencias, tan importantes para reconsiderar la vida urbana a través del poder que concede el uso de la imagen. Esta estrategia se constituye en un recurso importante para mejorar la convivencia y la cultura de de los futuros ciudadanos. Los mapas se relacionan de esta manera con la “construcción mental que un ciudadano elabora con base en sus percepciones y en sus experiencias vividas”[11].

2. Plano: la imagen artificial de la ciudad

La ejecución de planos urbanos obedece a la necesidad moderna por representar cuantitativamente el espacio, estos dibujos son el resultado de aprender a ver las cosas fragmentando sus vistas y aislándolas para poderlas comprender. Los planos son dibujos artificiales, son herramientas de trabajo, además son unidades complejas que requieren del manejo de operaciones abstractas que muchas veces los niños de esta edad no alcanzan a percibir.

Sin embargo en la edad adulta uno de los recursos que mayor incidencia tiene en el conocimiento de la de la ciudad son sus planos oficiales ó levantamientos topográficos, ellos suministran información básica sobre la forma de la mancha urbana y sirven para definir límites territoriales (localidades, barrios, predios, etc.) e identificar rutas de transporte. Así como la disposición a realizar un mapa es algo innato, la ejecución de un plano es un proceso de aprendizaje de un lenguaje convencional, en este último las niñas y los niños pueden aprender a aprender los códigos de representación y a interpretarlos, esto les permitirá desempeñarse mejor en un medio urbano que generalmente es muy hostil. Por lo explicado anteriormente nos atrevemos a denominar a los planos como imágenes de segundo orden de complejidad.

 

3. Maqueta: algo muy cercano a la realidad infantil

La construcción de imágenes de tercer orden (cartografías tridimensionales) constituye para las niñas y niños un regocijo creativo de grandes dimensiones. Desafortunadamente, las investigaciones sobre el tema son escasas, según Ricardo Marín Viadel:

 

Los estudios sobre arte infantil se han centrado de forma casi exclusiva en el dibujo, es decir, en obras sobre papel o cartulina...trabajadas con las técnicas gráficas habituales en la escuela (lápices, ceras, gouaches, etc), y muy pocas veces se ha prestado atención a la creación de obras escultóricas o tridimensionales. Ciertamente, las dificultades técnicas inherentes al trabajo escultórico (peso, volumen, etc.) introducen complicaciones adicionales en el proceso investigativo y esto podría explicar la relativa escasez de estudios en esta dirección[12].

Delimitar el tema a las concepciones urbanas infantiles nos ha permitido concentrarnos en las formas como pueden ser leídas las múltiples manifestaciones o representaciones de lo urbano, así las narrativas gráficas y visuales, las conversacionales e incluso formas no tan convencionales de expresión como el trabajo tridimensional, conocido por algunos autores como formas escultóricas o narrativas espaciales,  se convierten en terrenos fértiles para la recreación de problemas sociales muy cercanos a las niñas y los niños.
Las maquetas o modelos reducidos a escala de la ciudad son la aproximación más cercana a la constitución del espacio urbano, este factor es fundamental para su uso sea muy frecuente en nuestros talleres.
Se trata entonces de un lenguaje que no requiere de mayores intermediaciones para ser conocido y comprendido.  Las maquetas son tridimensionales así como la vida de una niña o niño es una experiencia espacial que maneja diferentes escalas.

  1. La escala doméstica: corresponde a la representación de la casa o lugar de vivienda de la niña o niño.
  2. La escala barrial: corresponde a la idea de calle que maneja el niño, generalmente surge de la experiencia que tiene de alejarse autónomamente del perímetro de su casa, en ocasiones se logra a través de los recorridos peatonales rumbo a la escuela o cuando emprende rutas de exploración usando la bicicleta. Los amigos y los enemigos son un factor determinante en la construcción de una identidad barrial.
  3. La escala local: corresponde a la estructura administrativa que rige la vida barrial. Es el sector o la porción de la ciudad que habita la niña o el niño. Generalmente existe como referencia muy discreta en la mente infantil.
  4. La escala urbana: es la idea ampliada de ciudad que tienen las niñas y los niños. Se estructura a través de la información que reciben sobre la existencia de lugares remotos, exóticos, no conocidos. Es el océano de la aventura, es el proceso de conocer la ciudad a través de toda la vida.

En nuestro trabajo hemos tratado de separarnos de modelos de análisis demasiado estructurados, como las experiencias del profesor Battro[13].  Sin embargo respecto a este tipo de experiencias guardamos mucho respeto porque tanto él como Kevin Lynch se constituyen en los principales antecedentes de estos trabajos, sin embargo también guardamos bastante prudencia porque no compartimos la idea de trabajar con las niñas y los niños dentro de un ambiente de laboratorio. Hemos podido concluir que las representaciones tridimensionales establecen vínculos muy cercanos con las niñas y los niños, estamos ante una herramienta didáctica impresionante, la cual tienen cualidades formales que son fácilmente perceptibles y aprensibles. El trabajo con maquetas se ha realizado desde 1997 y se caracteriza por estar regido por las siguientes reglas:

1.      Uso de materiales de reutilización, generalmente empaques comerciales de cajas de cartón corrugado considerados como desechos.

2.      Invitación para que las niñas y niños identifique y utilicen nuevos materiales de reutilización.

3.      Consideración de la importancia que tienen las maquetas como resultados (plásticos, escultóricos, ready mades, instalables, performativos, etc.) dentro de una expresión artística contemporánea.

4.      Preponderancia hacia el trabajo colectivo, como escenario de concertación.

Estos talleres tan solo son una oportunidad piloto para identificar las competencias que tienen algunas niñas y niños para reconocer en su ciudad un espacio plástico lleno de posibilidades para el mejoramiento de la vida urbana a través del conocimiento de elementos estéticos. Es un ir cogiendo vuelo para ver la ciudad y sus relaciones desde el privilegio de una mirada aérea o una fotografía panorámica. La historia del arte ha sido una de las influencias más importantes en nuestro trabajo. La labor más que tener un perfil científico posee una dimensión artística. Aquí la experiencia estética infantil es fundamental, aspiramos a que tanto las niñas como los niños tengan experiencias importantes desde muchos puntos de vista, las cuales puedan ser rememoradas como instantes placenteros que los motiven a establecer mejores relaciones con los diferentes elementos y seres que constituyen su medio urbano.

 

3.1. La maqueta de mi casa

Este es el ejercicio que mayor impacto tiene en las niñas y niños. El hogar se representa  dentro de una caja de cartón reciclado, es importante la construcción de personajes y la ambientación que ellos hacen de su contexto. El proceso los lleva a reconocer sus espacios vitales y los pone en contacto con una dimensión sensible y reflexiva. En ella ubican a sus familiares y a los objetos que más los identifican, además escenifican sus actividades cotidianas, expresan sus afectos y conflictos. En los casos de niñas y niños desplazados la reconstrucción del hogar abandonado causa un fuerte hecho emotivo, en muchas situaciones la maqueta se convierte en un objeto de representación de gran importancia.

 

4. La fiesta: una experiencia integradora

El proceso descrito con anterioridad tiene su conclusión en un evento de integración muy significativo, se trata del carnaval escolar de las niñas y los niños. Allí los infantes participan en un proceso de representación del espacio urbano y de sus elementos físicos y culturales más característicos. En Bogotá los imaginarios del carnaval de las niñas y los niños son foráneos, las fiestas se construyen a partir de la experiencia de profesores y padres que han vivido experiencias festivas populares como el Carnaval de Barranquilla (Atlántico), el Carnaval de Blancos y Negros en Pasto (Nariño), y la Fiesta del Diablo en Riosucio (Caldas). Estos eventos revitalizan el proceso de reconocimiento del medio geográfico, en el caso de Bogotá el Instituto Distrital de Cultura y Turismo organiza anualmente un evento metropolitano en el que desfilan comparsas escolares seleccionadas por un jurado para tal fin[14]. Quizá la experiencia didáctica más importante en la ciudad sea el Carnaval Soloriental,  allí, desde hace 20 años, la actividad educativa ha logrado cimentarse alrededor de la construcción de una cultura festiva propia[15].

 

Concluimos este texto seguros de tener en la representación cartográfica una herramienta didáctica integral, donde confluyen la fuerza del trabajo artístico, la trascendencia del diálogo social y el espíritu festivo. Quisiéramos que la comunidad internacional se apropie de este proceso para continuarlo, mejorarlo y difundirlo entre las niñas y niños del mundo.

 

Sírvase llenar y enviar este formulario a:

Sra. Tereza Wagner

Especialista Principal de Programa, Artes y Creatividad

UNESCO,

7, Place de Fontenoy

75007, París, Francia

Tel: +33 (0) 1 45 68 43 25; Fax: +33 (0) 1 45 68 55 89;

e-mail:eduarts@unesco.org

 

 



[1]Se tuvo en cuenta el rango de edad entre los 10 y 13 años porque la investigación indicó que era el momento en que podían establecer mejor las diferencias entre su cuerpo (físico y psicológico) y el mundo que les rodeaba. Adicionalmente sus trabajos hicieron evidente el potencial que tenían para ampliar su  percepción del espacio circundante.

[2] Filósofo y matemático que luego de ser Rector de la Universidad Nacional de Colombia llego a ser Alcalde Mayor de  Bogotá.

[3] www.villerrante.tk

[4] El proyecto fue patrocinado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá y en él participaron, durante un semestre, 10 niños de los sectores populares de Teusaquillo y Chapinero. 

[5] Alberto Saldarriaga, Ricardo Rivadeneira y Samuel Jaramillo. Bogotá a través de las imágenes y las palabras. Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1998.

[6] Saldarriaga, et al. Op.cit. pág. 32.

[7] El Profesor Paolo Chiozzi presentó su trabajo en el Congreso de Antropología Visual en febrero de 1996. Pilar Pérez Camarero, “Los dibujos infantiles como instrumento para el antropólogo visual: identidad de las representaciones de niños de Habana Vieja en el período especial” en: Educación artística y arte infantil (Manuel Hernández y Manuel Sánchez, compiladores), Madrid: Fundamentos, 2000, págs. 478-477.

[8] Siguiendo el interesante postulado de BUCI-GLUCKSMANN. L´oeil cartographique de l´art. Paris: Éditions Galilée, 1996.

[9] Este aspecto ha causado bastante interés entre los investigadores que conforman el grupo y se espera iniciar un trabajo más sistemático, orientado a profundizar en el tema como terapia de apoyo psico-social. Al respecto la psicóloga Dignory Vargas, de la Fundación Molino de Cubo, viene trabajando sobre el tema.

[10] HARLEY, J.B.; WOODWARD, David (eds.). The History of Cartography. Chicago: University of Chicago Press, 1987, 4 vol.

[11] Saldarriaga, et al. Op.cit. pág. 37.

[12] Ricardo Marín Viadel. “Investigación y dibujo infantil: el dibujo infantil es un dibujo” en: Educación artística y arte infantil (Manuel Hernández y Manuel Sánchez compiladores, 2000), Madrid: Fundamentos, págs. 13-30. Marín Viadel remite a la obra de Golom, Claire (1974). Young children´s sculpture and drawing. Cambridge, MA: Harvard University.

[13] www.byd.com.ar/ciudad8.htm     El trabajo de este investigador argentino ha permitido concluir que través de las maquetas es posible describir el proceso evolutivo de la imagen espacial de la ciudad, pero además, el análisis de las maquetas permite descubrir una microgénesis de los elementos de la imagen urbana.

[14] Al respecto hemos publicado el artículo “Los niños en carnaval”, en Revista La Rueda, No. 4, Bogotá, enero de 2006, págs. 14-21.

[15] Entrevista con Daniel Hernández, Director curricular de la Licenciatura en Pedagogía Infantil de la Universidad Distrital, Francisco José de Caldas, Bogotá, enero de 2006.