La voluntad política de considerar el libro como elemento de un sector cultural estratégico desde el punto de vista económico; Una concepción global del sector del libro que constituye en sí una estructura articulada;
El consenso entre el Estado y el sector privado con miras a: - estimular la creación literaria,
- crear condiciones fiscales y financieras propicias para los editores y la industria gráfica,
- fomentar el comercio y la distribución del libro mediante: tarifas postales preferenciales y la supresión de aranceles aduaneros o demás impuestos a la importación,el fortalecimiento de los mecanismos de distribución, la modernización de las librerías y el apoyo al establecimiento de librerías en los barrios, la adopción, por parte del sector, de códigos de ética comercial, incentivos de la exportación,
- extender la red nacional de bibliotecas y organizar campañas de lectura.
La adopción de un marco jurídico que abarque la totalidad de las medidas relativas al libro; La voluntad de ampliar la formación de recursos humanos destinados a todas las profesiones relacionadas con el libro. Pero no hay ninguna "fórmula mágica": como cada país es diferente, debe hacer su propio diagnóstico.
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