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Actividades culturales de la UNESCO en el mundo 

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El patrimonio cultural y su destrucción intencional 

La Declaración de la UNESCO relativa a la destrucción intencional del patrimonio cultural ("la Declaración") fue aprobada por unanimidad en la 32ª reunión de la Conferencia General de la UNESCO (París, septiembre - octubre de 2003), fundamentalmente como reacción a la trágica destrucción de los Budas de Bamiyan en Afganistán, en marzo de 2001. 

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© UNESCO/ Profesor Claudio Margottini, 2002
La Declaración se preparó en cumplimiento de la Resolución 31 C/26, aprobada por la Conferencia General de la UNESCO en su 31ª reunión (París, octubre -noviembre de 2001).

La Declaración no es en sí un instrumento de caracter vinculante y no genera de modo automático derechos ni deberes jurídicos. Su importancia consiste ante todo en su fuerza moral, basada en su aprobación universal y consensuada por los Estados Miembros de la UNESCO reunidos en Conferencia General, que representaban a la abrumadora mayoría de la comunidad internacional de Estados.

La Declaración empieza reconociendo la importancia del patrimonio cultural y el compromiso de los Estados Miembros de la UNESCO ("los Estados") de combatir su destrucción intencional en cualquier forma que sea, para poder transmitirlo a las generaciones futuras.

La Declaración versa sobre toda destrucción intencional del patrimonio cultural (II), pone de relieve la necesidad de que los Estados se comprometan a combatir la destrucción intencional por distintos medios, por ejemplo, gracias a medidas legislativas, técnicas, administrativas u otras, así como a la adhesión a los acuerdos internacionales que protegen el patrimonio cultural (III), se centra en las actividades de los Estados en tiempo de paz e insiste en la necesidad de ajustarse al menos a los principios y objetivos expuestos en una serie de acuerdos y recomendaciones internacionales sobre la protección del patrimonio cultural (IV).

La Declaración se refiere también a las actividades de los Estados en tiempos de guerra, comprendida la ocupación, y subraya la necesidad de respetar el derecho consuetudinario internacional y los principios y objetivos de los acuerdos internacionales y las recomendaciones de la UNESCO que protegen el patrimonio cultural durante las hostilidades (V).

Las disposiciones relativas a la responsabilidad del Estado (VI) y a la responsabilidad penal individual (VII) constituyen la piedra angular de la Declaración. Concretamente, las primeras sostienen, en la medida en que lo disponga el derecho internacional, el principio de la responsabilidad del Estado en caso de destrucción intencional del patrimonio cultural, si el Estado de que se trate provoca intencionadamente la destrucción o intencionadamente no la impide. En lo que se refiere a la responsabilidad penal , las disposiciones insisten en la necesidad de que los Estados se declaren jurídicamente competentes para juzgar y sancionar efectivamente a los individuos que cometan u ordenen cometer actos de destrucción intencional. Unas y otras disposiciones, sin embargo, son distintas por su alcance (ratione materiae) de todas las demás contenidas en la Declaración, en la medida en que se refieren únicamente a aquellos casos en los que el patrimonio cultural destruido o dañado sea de gran importancia para la humanidad.

Asimismo se afirman con claridad la necesidad de que los Estados cooperen en el plano internacional para proteger el patrimonio cultural de la destrucción intencional por diversos medios, como el intercambio de información, las consultas, las medidas de sensibilización o la asistencia judicial o administrativa (VIII), y el respeto de las normas internacionales correspondientes del derecho humanitario y los derechos humanos al aplicar la Declaración (IX).

Por último, la parte X está dedicada a las campañas de sensibilización del público.




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bamiyans.jpgDeclaración de la UNESCO relativa a la destrucción intencional del patrimonio cultural - 2003

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