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México
 A continuación, un texto escrito por el compositor Héctor Quintanar sobre la creación del primer laboratorio de música electrónica de Mexico:

Historia del Laboratorio de Música Electrónica
del Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México

Como otras muchas obras importantes, el laboratorio de Música electrónica del Conservatorio Nacional de Música tuvo origen en una concurrencia casi fortuita. Corrían los últimos años de la turbulenta década de los sesenta, plena de propuestas audaces. La idea de experimentar con sonidos producidos electrónicamente era una propuesta que había sido rechazada varias veces, llevó años vencer la resistencia de “autoridades” musicales: criterios conservadores, temores financieros y rezagos tecnológicos. En ése escenario se dio un encuentro casual entre Héctor Quintanar y el Ingeniero en electrónica Raúl Pavón Sarralange, a poco de hablar se percataron de que compartían inquietudes y complementaban capacidades: Quintanar era un joven compositor con una resuelta tendencia vanguardista que había sido solidamente formado en el Taller de Composición creado por Carlos Chávez; del que recientemente le habían nombrado director al retirase Chávez. Por su Parte Pavón era un eminente experto en la joven disciplina de la computación y un talentosísimo diseñador de circuitos, responsable además del funcionamiento del equipo de cómputo en la Compañía Mexicana de Luz; la mancuerna estaba hecha, solo restaba que se levantara el telón y actuar.
Decidieron que era necesario crear un laboratorio de Música Electrónica en México que diera cauce a las inquietudes estéticas de toda una generación. El secreto para lograr la aceptación de su proyecto fue una cuidadosa selección de los componentes esenciales y la asimilación de las experiencias habidas en otros lugares, esto permitió abatir costos que se antojaban gigantescos pues el equipo tendría que importarse.

Luego de integrar un propuesta verdaderamente viable, Quintanar y Pavón iniciaron un autentico periplo para conseguir el financiamiento; después de llamar infructuosamente a muchas puertas Quintanar, en 1969, probó suerte con el Licenciado Ernesto Enríquez, a la sazón director de una aseguradora gubernamental; Enríquez había apoyado en varios proyectos a Carlos Chávez , secundando al ilustre Jaime Torres Bodet, entre otros, ambos habían apadrinado la creación del Taller de Composición en el Conservatorio Nacional de Música en la Ciudad de México. Don Ernesto Enríquez, hombre sensible, culto y bien intencionado supo hacer honor a una frase que Carlos Chávez le había dicho años antes: “si los viejos no apoyamos a los jóvenes ¿quien los apoyará?” y entendió que, si bien el proyecto escapaba a su línea estética, era importante que la música en México se enriqueciera y, a través de la investigación en nuevas fuentes sonoras, multiplicara sus posibilidades tanto en medios como en expresiones. Sagazmente el licenciado Enríquez empleo su rango y prestigio para hacer que el Comité de Instituciones de Fianzas aportara los fondos necesarios en una sola emisión, que a solicitud de Quintanar fue administrada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura dirigido entonces por José Luis Martínez ilustre hombre de letras.

La gestión de Enríquez fue meteórica, en solo dos días puso los recursos a disposición de Quintanar, contrastando con la incomprensión que Quintanar y Pavón habían enfrentado durante meses inclusive en el medio propiamente cultural.
Desde entonces todo se precipitó y la sede del laboratorio, que no estaba decidida, fue acordada por el propio Quintanar: ¡Qué mejor lugar que el Taller de Composición que ya funcionaba en el Conservatorio! Era necesario acondicionar el espacio antes de la llegada del equipo. Así entre carpinteros y electricistas hubo que debatirse también con la burocracia aduanal. Además la tecnología había cambiado desde que Quintanar y Pavón se encontraran por primera vez y debían actualizar su proyecto.
Finalmente a principios de enero de 1970, con todo en su lugar, sintieron el peso de la responsabilidad académica de dar el correcto uso a una herramienta nueva; un “instrumento” musical más a disposición del compositor, en realidad un nuevo universo sonoro, que implicaba el riesgo de atraer a muchos principiantes y aficionados, por lo que decidieron abrir el flamante laboratorio para todos aquellos que ya contaran con una formación musical sólida, a fin de garantizar resultados artísticos y evitar el diletantismo.
La Primera generación se integró mediante una convocatoria internacional de la que se seleccionaron los mejores aspirantes además de los alumnos interesados que ya formaban parte del Taller de Composición.


Entre las obras que el propio Quintanar realizó explotando los recursos del laboratorio destacan tres: Voz, para soprano y sonidos electrónicos, Suite Electrónica, y Opus 1.

Voz, para soprano y sonidos electrónicos: es, ante todo, una obra gozosa, que hace referencia a la pasión instintiva y celebra el amor, el placer, la paz y el humor. Se generó bajo convenciones operativas adoptadas para un concierto en vivo; en él la cantante siguió una partitura híbrida, donde la notación tradicional se combinaba con signos especialmente diseñados para los efectos vocales deseados por Quintanar. Para ejecución de la parte electrónica fue necesario transportar y reinstalar el equipo completo del Laboratorio de Música Electrónica del Conservatorio Nacional de Música de México a la sala de conciertos del Instituto Cultural Benjamín Franklin en México. Previa interconexión los componentes, Quintanar determinó que ciertos “colores electrónicos” envolvieran las emociones expresadas por la soprano, creando un cosmos sonoro indisoluble, y no una mera “melodía acompañada”.
Ya en la misma época en que realizó el evento se sabía que sería irrepetible, primero por las características de los sintetizadores usados ( BUCHLA y MOOG) que operaban mediante cables que había que conectar desde un generador de sonido a un módulo que transformaba la señal recibida, la cual se disparaba por dispositivos diferentes ya fueran teclas o sensores. Segundo porque que no existe registro del esquema de conexiones realizado y hoy es imposible de reproducir, aún si el equipo existiera.
La intención fue producir un fenómeno musical tan singular como la propia conducta humana, tan especial como voz misma de Guadalupe Pérez Arias, quien sin prejuicios se entregó a la experiencia estética que se le ofrecía, haciendo honor a su prestigio de primera figura del canto mexicano.
Considerada la obra a tres décadas de distancia y apreciada mediante una grabación (única forma posible en el presente) podemos coincidir con el maestro Rodolfo Halffter, quién la calificó de magnífica, admirándose de las posibilidades expresivas que con estos medios se abrían a todos los compositores de talento. Seguir...

   

 Manuel Enriquez
Nació en Ocotlán, Jalisco, 1926; murió en la Ciudad de México, 1994. Compositor, Conductor y Performer. 

 Julio Estrada

 Carlos Jiménez Mabarak
Nació en Tacuba en 1916; murió en Ciudad de Mexico en 1994. 

 Arturo Marquez

 Roberto Morales-Manzanares
Nació en Ciudad de Mexico, en 1958. Comienza sus estudios de guitarra y teoría musical a la edad de 9 años con maestros particulares... 

 Conlon Nancarrow
Nació en Texarkana, Arkansas, Estados Unidos, en 1912; desde la década del 40 vivió en Mexico, donde murió en 1997. 

 Francisco Nuñez
Nació en La Piedad, Michoacán, 1945. Fundó un pequeño taller en la Escuela Superior de Música del Instituto Nacionlal de Bellas Artes – INBA, durante los años 80's. 

 Raúl Pavón
Nació en la Ciudad de México en 1930. Ingeniero y Compositor, pionero de medios electroacústicos en música en México. 

 Héctor Quintanar
Nació en Ciudad de Mexico, en 1936. Inició sus estudios en la Escuela Superior de Música del I.N.B.A... 

 Manuel Rocha Iturbide
Nació en Ciudad de Mexico en 1963. Obtuvo su la Licenciatura en Composición en la Escuela Nacional de Música de la UNAM,en Mexico, una Maestría en el Mills College, en los Estados Unidos, y su doctorado en el área de Estética, Ciencia y Tecnología de la Música, en la Universidad de París VIII. 

 Vicente Rojo

 Antonio Russek
Nació en Torreón, Coahuila, in 1954. Tiene un extenso catálogo de electroacústicos, mezclas y trabajos electrónicos en vivo. 

 Alicia Urreta
Nació en Veracruz, México en 1930; murió en 1986. 

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    © UNESCO | Responsabilidad |guest (Leer) | Tema ID: 15254  | Fecha en que se agregó: 2003-10-16 12:16 pm | Actualización: 2003-11-27 2:36 pm ContactDigi-Arts